viernes 9 de diciembre de 2011

Revisionismo vs Liberales: la falsa dicotomía


  
Asistimos a un capítulo más de la farsa nacional, en estos días historiadores argentinos, y otros que sin ser historiadores han obtenido buenos dividendos escribiendo libros sobre historia, se han enfrascado en una batalla a muerte (pero sin sangre) por la representatividad de la historia oficial argentina. Por un lado la vieja escuela, la academia nacional, el Instituto Ravignani de la facultad de filosofía y letras de la UBA, el CONICET y todos sus apéndices construidos por décadas de monopolio intelectual. Una cáfila de intelectuales elitistas y soberbios, dueños de una verdad revelada e integrantes de una cofradía irredenta. Nada de lo que se escribiera en historia en el país adquiría "valor intelectual" si no contaba con la bendición del sínodo oficial de historiadores, por supuesto solamente aquellos trabajos que pertenecieran a "la red" obtenían ese privilegio. Así han pasado décadas de opresión intelectual, y cientos de investigadores sufrieron y sufren el ostracismo por el solo hecho de no pertenecer. Halperin Donghi, los Romero, Garcia Belcunce, Los Gallo, y otros, son la aristocracia intelectual de una historia remasterizada para el consumo y alejada de los intereses y las necesidades populares, este fue el gran aporte de los historiadores a la decadencia nacional, pero a no confundir, este aporte no fue gratis, mucho dinero han ganado estos nobles con título de historiador, masticar su insoportable verborragia siempre costó un ojo de la cara.
Por otro lado se alza la escuela revisionista. Este movimiento tiene un origen ambiguo, por un lado el rol profundamente transformador y revolucionario cumplido por aquellos que en la década del 30 y del 40 se alzaron contra historia oficial denunciando los años 30 y poniéndole nombre "década infame", combatiendo el "coloniaje" y la entrega del país, todos los honores para Scalabrini Ortiz y Arturo Jaureche entre otros, quienes con su pluma le dieron otro sentido a la palabra patria cuando crearon aquella entrañable FORJA. pero junto a estos libres pensadores se alzaron también usurpando el nombre del movimiento otros que no tenían ni los mismos pensamientos, ni los mismos objetivos. De las profundidades oscuras del nacionalismo católico surgieron figuras que blandiendo la bandera de la soberanía y el patriotismo buscaban defender los intereses de la oligarquía pampeana construyendo una historia a bases de mentiras y tergivizaciones en contra de la modernidad, ellos fueron y es bueno recordarlo, quienes dieron el golpe de estado contra Hipólito Yrigoyen, malditos oscurantistas del Papa: Vicente Sierra, Ernesto palacio, Los Irazusta, Manuel Gálvez y su máxima estrella, quizás el más reaccionario, mentiroso y farsante de los historiadores argentinos José María Rosa.
Pero la discusión en realidad no pasa por un debate ideológico,a los modernos revisionistas, llamese, pacho O´donnell o Felipe Pigna, no los moviliza tanto la verdad histórica como sus cuentas bancarias, grandes facturadores son figuras emblemáticas de editoriales como Planeta o Sudamericana, grandes corporaciones transnacionales que no tienen ningún interés en la reconstrucción fidedigna de la historia argentina. Por lo tanto la verdadera polémica que se esconde entre inflamados discursos, injurias, indignados y polémicas acaloradas es EL CONTROL DE LA CAJA CHICA DE LOS SUBSIDIOS PARA INVESTIGACIÓN Y EL CONTROL DE LA CAJA GRANDE PARA EL ACCESO A LAS GRANDES EDITORIALES. Son unos farsantes y bastardos mercaderes, pillos y vivillos de turno que no le aportaron ni le aportarán nada a la historiografía argentina, bandos enfrentados por un botín, piratas del intelecto.
Me quedo con los pocos que han hecho honor a la palabra historiador, en primer lugar Milciades Peña y junto a él Alberto Plá y algunos otros, revolucionarios honestos, buscadores de verdades y no de verdes billetes.                                    Roberto Jordán.


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