miércoles 15 de julio de 2009

Smithfield: capitalismo salvaje

El siguiente artículo fue publicado por la revista Perspectiva Marxista Internacional Nº4 y se refiere a la empresa Smithfield, actualmente denunciada como responsable de la fiebre porcina.
(Publicamos un fragmento)

Para la clase obrera no existe el «American dream»
por Franco Rosso

En el corazón imperialista la explotación y la persecución ponen al descubierto la infamia capitalista.


Tar Heel sería un pueblo más del centro este de los Estados Unidossino fuera porque en este lugar,casi de paso entre los grandes centros financieros del mundo y las soleadas costas de Miami, se encuentra la compañía Smithfield Packing & Co., con su planta procesadora de carne de cerdo,la más grande del mundo, en donde trabajan 5.500 operarios. Tampoco esto tendría nada de especial siendo EE.UU.la más grande de las economías capitalistas, pero en este lugar la clase obrera norteamericana lleva adelante una lucha que resulta ser testigo de las condiciones de superexplotación, de la persecución policíaca del Estado y de la xenofobia a las que el capitalismo imperialista la somete. Y, por otro lado,de la creciente inquietud del nuevo proletariado que se resiste a esta sofocante situación y en ese camino acumula experiencia.
Para comprender mejor a qué nos referimos es necesario remontarnos a noviembre de 2006 cuando 12 trabajadores inmigrantes fueron despedidos porque sus papeles no estaban «en regla».
Esto desencadenó una lucha,que desenmascaró los atropellos y la explotación a la que eran sometidos. Desde hace diez años la política de contrataciones de la empresa permite tomar operarios temporales traídos de la frontera mexicana. Con sus propios ómnibus la compañía carga por decenas a hombres y mujeres que se aventuran a trabajar en las peores condiciones con la esperanza de obtener una visa permanente y la posibilidad de ahorrar algún dinero para enviar a sus familias. Estos trabajadores ganan 8 dólares la hora, el precio más bajo del mercado, sin servicio social ni garantías de continuidad; es un sobrevivir día a día que los somete a la angustia desesperante de no saber que va a suceder mañana.
Por otro lado, los trabajadores negros, que hasta ese momento habían sido la base de la industria comenzaron a perder sus trabajos a manos de los latinos, porque estos aceptaban condiciones de explotación humillantes. Como residentes permanentes las necesidades básicas de los negros(vivienda, alimentación, vestido) hacen que el costo básico de su supervivencia sea mayor; además se creía, hasta que llegaron «the strangers», que la situación no podía ser peor, viviendo, por ejemplo, en campamentos de trailers(casas rodantes) o en viviendas precarias,las mismas que el huracán Katrina dejara al descubierto.
Esta situación llevó en los últimos años a un amargo enfrentamiento entre trabajadores que impidió la unidad para luchar. Pero en los últimos tiempos comenzó a producirse un cambio.El 1º de Mayo de 2006, en el marco de la gran movilización que los trabajadores latinos realizaron por todo el país en protesta por las nuevas leyes migratorias propuestas por Bush, 2.000trabajadores latinos de Tar Heel organizaron una marcha por la ruta interestatal que a su paso recogió el reconocimiento de otros trabajadores, incluso blancos y negros. El 16 de noviembre del mismo año se produjo el despido,como acostumbraba a hacer la empresa, de doce trabajadores por no tener sus papeles en regla. En realidad éstos eran los dirigentes de la marcha de mayo, que además intentaban organizarun nuevo sindicato. Pero esta vez las cosas no fueron igual. En pocas horas una a una las secciones fueron parando hasta paralizar por completo toda la planta: la huelga se había impuesto, la unidad nacía de la necesidad común y las diferencias raciales se superaban en la lucha. Al cabo de una semana de duro enfrentamiento los trabajadores fueron reincorporados. Era el primer triunfo obtenido en años. En enero de 2007, como todos los años, los trabajadores negros de EE.UU. conmemoran el día de Martin LutherKing en el que recuerdan su lucha por los derechos civiles. Simbólicamente se realiza un acto y un paro de una hora, pero en esta oportunidad en Smithfield las cosas volvieron a ser distintas. Envalentonados con el triunfo de noviembre,los trabajadores negros, a los que se les sumaron los latinos, elevaron un petitorio y un comunicado de prensa donde explicaban las intolerables condicionesde trabajo, con ritmos de producción que llevan a un altísimo porcentaje de accidentes, que incluyen heridas cortantes y paralizantes, junto con un régimen de control interno semejante a una cárcel. Estos datos ya habían sido expuestos por The NewYork Time del 15/6/06, pero esta vez eran los propios trabajadores quienes explicaban y protestaban por las condiciones laborales. Así, durante los meses siguientes la organización sindical creció, pero aquí, en este punto, el conflicto dejó de ser un simple reclamo sindical para pasar a ser una lucha que ponía en tela de juicio todo el sistema de contrataciones de mano de obra barata de los Estados Unidos, y eso no podía ser tolerado por la burguesía ni por el Estado a su servicio ni por sus cómplices, la burocracia sindical de laAFL-CIO. Los mecanismos del Estado burgués se ponían en movimiento contra esta amenaza creciente.Hace ya varios años (desde 2000)que la compañía, en coordinación con la policía estatal de Carolina del Norte,mantiene organizada su propia guardia de seguridad, que en realidad funciona dentro de la planta para el control y la humillación de los trabajadores, y fuera de ella como parapoliciales que atacan y amenazan a los activistas en sus propias casas. En 2004, una trabajadora y activista latina, acusada falsamente de querer quemar la planta, fue detenida y encarcelada… ¡dentro de la misma fábrica! Sí, Smithfield tiene su propio centro de detención. La impunidad de este régimen fascistoide es inconcebible: a estos trabajadores no se les otorga ni el más elemental de los derechos democrático-burgueses.Cuando esta fuerza de «seguridad»interna ya no es suficiente, interviene el Estado policíaco de Bush (y de la oposición demócrata) enviando al Departamento de Inmigraciones.
En julio de2007, uno de los líderes de la lucha y que intentaba organizar sindicalmente a sus compañeros es llamado a la oficina de personal porque, según cuenta: «había llegado tarde cuatro minutos en dos oportunidades en el mes, aunque una de ellas tenía justificativo médico», y se le comunica que será despedido. Frente a su negativa, la empresa le dice que se «ha detectado» que no tiene los papeles en regla (diferencias en los números de su seguro social) y que se verá obligada a informar al Departamento de Inmigraciones. Comenzó así una verdadera cacería de brujas: en agosto de 2007, 24 trabajadores fueron literalmente arrancados de sus camas por una redada organizada por la empresa y Migracionesque movilizó 1.000 agentes. Nadie supo del paradero de estos trabajadores, que se presume fueron deportados, aunque esto no se confirmó. Nos enfrentamos a los peores males del Tercer Mundo en el corazón del primero.
Esta política fascista no sería posible sin la complicidad de la burocracia sindical de la AFL-CIO y del sindicato UFCW (por sus siglas en inglés, el Sindicatode Trabajadores de Alimentos yComercio), organizaciones sindicales cuyos dirigentes son cómplices y participes necesarios de este atropello, todo sostenido y avalado por el PartidoDemócrata.
Gene Bruskin es el principal burócrata que desde la UFCW ha impulsadola llamada «justicie Smithfield».Este mismo burócrata, en medio de la lucha en noviembre de 2006, específicamente el 18 (dos días después de la primera huelga) emitía un comunicado de prensa sobre las reincorporaciones que decía: Nos alegra que la compañía haya hecho lo correcto y reconocido que estaban equivocados en cómo estaban aplicando estas medidas. El hecho de que se hayan sentado y negociado sobre las preocupaciones de los trabajadores es un ejemplo del tipo de procesos que beneficia a todos, a la empresa,a la comunidad y a los empleados,permitiendo resolver las diferencias.Ésta es una ruptura histórica en la larga historia de confrontación e intimidación de Smithfield Packing’s contra sus trabajadores en Tar Heel. Claramente la burocracia asimilaba el impacto de la lucha, pero a su vez le tendía la mano a la patronal para transformar el triunfo parcial de los trabajadores en una violenta contraofensiva que se haría sentir en 2007. Durante todo el año la burocracia se negó a organizar nuevas huelgas ni piquetes en las 29 plantas que la compañía tiene en todo el país, ni siquiera en Tar Heel, que es la planta principal. Se limitó a organizar actos simbólicos en la puerta de distintos supermercados, llaman-do a los consumidores a no comprar productos de Smithfield mientras, por otro lado, mantenía un silencio criminal frente a los secuestros y persecuciones,que en realidad no son ni más ni menos que terrorismo de Estado. La UFCW teme hacer enojar a la patronal, ésa es la lógica de la cobardía burocrática. Durante 2008 la lucha entró en un impasse, producto de la violencia desatada por la patronal, el gobierno y la burocracia, que en un acuerdo permanente e indisoluble contra la clase obrera ponen en movimiento todas las fichas con que cuentan. Esto es lucha de clases con toda su crudeza. Así lo han comenzado a entender los trabajadores y es probable que veamos en el futuro inmediato enfrentamientos más duros y violentos.
En este marco se desata la actual crisis financiera-económica que plantea nuevos desafíos a la lucha de los trabajadores.

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